miércoles, 1 de julio de 2015

MARÍA JOSEFA SAMÁ, HIJA DE LOS MARQUESES DE MARIANAO, UNA CORTA VIDA EN FAVOR DE LOS NIÑOS POBRES.

 María Josefa Samá y Sarriera. (Foto: Audonard, en Album de Salón. Año 1905, de Miguel  Seguí. Barcelona).
El entierro de María Josefa Samá y Sarriera constituyó una sentidísima y numerosa manifestación de duelo.(Foto: A. Más, en La Ilustración Catalana núm. 6. Barcelona, 29 de setiembre de 1907. Pág. 3)

María Josefa Samá y Sarriera, hija de los marqueses de Marianao se distinguió muy pronto por sus cualidades humanas dirigidas especialmente en favorecer a los niños más pobres. De las referencias halladas en este aspecto, paso a reproducir  una de ellas:

"Ha sido la presidenta de la junta organizadora para el reparto de 15.000 juguetes y prendas de abrigo para los niños pobres, fiesta simpática  que tuvo lugar el día de Reyes en el gran Palacio de Bellas Artes de Barcelona.

La bella María Josefa Samá  es la niña aristocrática que en la capital del Principado ha sabido llegar á lo más hondo del corazón del pueblo. Su generosidad, puesta al servicio de la más excelsa de las virtudes, la lleva á la realización de empresas grandes, todas ellas coronadas por el éxito, como lo demuestra la fiesta á que aludimos, que ha sido un triunfo brindado por la hija de los señores marqueses de Marianao á nuestro cólega "El Liberal", de Barcelona.

Ella ha sido la organizadora, bajo cuya advocación se ha llevado á feliz término idea tan meritoria; á ella deben juguetes y abrigo 15.000 niños pobres de Barcelona, que hoy bendicen el nombre de María Josefa Samá.

Al contacto de su bien templada voluntad, han respondido elementos de todas clases, aportando su valioso concurso al acto celebrado; ella salvó  todas cuantas dificultades surgen, naturalmente, para la realización de toda gran empresa, y su nombre, que hoy se extiende como rayo de luz, es bendecido en todos los hogares pobres, á donde ha llevado alegría á los niños.

Los ricos que se acuerdan de los que sufren escasez, no sólo practican una virtud cristiana, sino que realizan una obra social de trascendencia, á la que no solamente los socorridos, sino la sociedad entera debe agradecimiento" (1)

Sin embargo,  esta humanitaria  trayectoria sería muy efímera, puesto que  dos años más tarde, a consecuencia de una penosa enfermedad, fallecía a la edad de 20 años en la finca del parque Samá, de Cambrils, en la provincia de Tarragona. Su muerte causó un hondo pesar y el acto del entierro constituyó una sentidísima y numerosa maniestación de duelo.

La muerte llama indistintamente, cuando menos se la espera,  a la puerta del pobre y del rico, y se lleva al joven y al viejo. Lex Vitae.

(1) NUEVO MUNDO.Periódico ilustrado. Madrid. Jueves, 19 de enero de 1905, Pág. 18. Año XII. Núm. 576.



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