lunes, 13 de marzo de 2017

EL ARTISTA-PINTOR PEDRO BAS PROTAGONIZÓ, EN BRUSELAS, LA MANERA MÁS INESPERADA E ISÓLITA DE INICIAR Y CULTIVAR UNA PROFUNDA BUENA AMISTAD.

 Pedro Bas, en primer término, mostrando una de sus obras al matrimonio Durland, en el exterior de su estudio taller de la calle de la Industria, en Sant Boi de Llobregat.

Otras dos  imágenes de una de las visitas periódicas que este matrimonio holandés efectuó al estudio taller de su buen amigo Pedro Bas, en sus frecuentes viajes a España.


EL INICIO DE UNA AMISTAD

Me lo  acaba de contar Carlos, hijo mayor del artista-pintor Pedro Bas. Es un interesante episodio de la vida  del que fuera  el mejor de mis  amigos, y que yo desconocía. Y dada la insólita e inesperada manera que tenía  de cultivar buenas amistades Pedro Bas, por la forma en que derivó y sus proyecciones que luego tendrían un fuerte impacto en su trayectoria, he considerado conveniente compartirlo con quienes pueda interesar.

La historia se remonta mucho antes de que Pedro Bas y su familia establecieran domicilio en Sant Boi de Llobregat. Cuando residían en Bruselas, allá en la década de los años sesenta del siglo pasado.

Un ciudadano de aquella ciudad, Johan Durland de nacionalidad holandesa, aparcando su vehículo en la vía pública, causó un pequeño desperfecto en el turismo de Pedro Bas. Como buen agente de seguros que era , el Sr. Durland se apresuró a dejar una nota con sus señas y pidiendo disculpas, para poder tramitar el correspondiente parte de accidente.

Pedro Bas le hizo una llamada y el Sr. Durland se personó en su domicilio.Y hablando, hablando, resutó que era una persona muy amante del arte y muy especialmente de la pintura. Tiempo le faltó a Pedro Bas para invitarle a visitar su estudio taller, quedando el Sr. Durland maravillado de sus obras. Y en aquel momento se inició, entre ellos, una buena amistad que se iría fuertemente  consolidando con el paso del tiempo.

Cuando Pedro Bas y su familia se establecieron en Sant Boi de Llobregat, Johan Durland y su esposa no dejaban de visitar a su buen amigo Pedro Bas en sus frecuentes viajes a España.

La esposa del Sr. Durland, era enfermera en un hospital psiquiátrico de Bruselas, y cuando venían a  Sant Boi de Llobregat, aprovechaba para acudir al Sanatorio Psiquiátrico Nuestra Señora de Montserrat, a cargo de los Hermanos de San Juan de Dios y visitar al Hermano Josep Fargas, con quien establecieron una buena amistad, y cambiaban experiencias. Carlos, el hijo de Pedro Bas, la acompañaba y actuaba como traductor en aquellas conversaciones.

Johan Durland sufrió un infarto, y fue intervenido quirúrgicamente. Después de la intervención, manifestó que su mayor deseo sería acudir al monasterio de Montserrat . Pudo cumplir aquel deseo. Fue en una Navidad, que el tiempo acompañó con un día radiante de sol espléndido. Sentado en una roca y con la mirada fijada en el horizonte, dijo que a partir de aquel momento ya podía morir tranquilo, " porque estoy en cielo, y este me gusta", dijo a sus acompañantes. Poco tiempo después, fallecía.

No deja de ser curiosa la repercusión de aquella buena amistad entre el Sr. Johan Durland y Pedro Bas, iniciada en Bruselas y continuada en Sant Boi de Llobregat, donde su esposa se familiarizó con nuestros hospitales psiquiátricos y con el Hermano Josep fargas, O.H. mientras que el Sr. Durland tuvo ocasión de conocer y admirar la montaña y el monasterio de Montserrat, ícono de la simbología catalana. 

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