jueves, 26 de abril de 2012

LA PRIMERA VEZ QUE ESTUVE EN EL ESCENARIO DE UN CRIMEN: EL HOMICIDIO DE LA CALLE MONTMANY, Nº 76 DE SANT BOI DE LLOBREGAT (19 AGOSTO DE 1966)

La homicida Victoria Capilla García, que resultaría absuelta en el juicio, por resultar probado y acreditado que era víctima frecuente  de los malos tratos que recibía de su marido  
(Foto: Semanario " POR QUÉ")

Era una calurosa tarde del viernes, 19 de agosto de 1966 cuando, poco después de las 15:30 horas, recibía una llamada telefónica  de la Policía Municipal de Sant Boi de Llobregat, informándome de que se acababa de cometer un homicidio  en el  piso primero  del número 76 de la calle de Montmany. Acudí de inmediato al lugar indicado. En las inmediaciones, la zona había sido acordonada para impedir la multudinaria presencia de vecinos y curiosos que se habían dado allí cita . Acompañado de un miembro de la Policía Municipal me abrió paso hasta acceder al interior del escenario del crimen. El espectáculo que apareció ante mis ojos era impactante y horroroso. El vestíbulo de entrada al  piso, el pasillo, el comedor y la habitación de matrimonio, aparecían con abundantes charcos de sangre en el suelo, y las paredes  y techos salpicados.

Tendido en el pasillo y cubierto de sangre, aparecía el cadáver de Hilario Moreno García, de 34 años de edad, natural de Argamasilla de Calatrava (Ciudad Real). Su esposa, Victoria Capilla García, de 31 años de edad, natural de Puertollano (Ciudad Real), que resultó herida en la pelea , había sido trasladada con toda urgencia al Hospital de Sant Llorenç, en el vecino municipio de Viladecans.

Hilario era un hombre de complexión robusta,  y trabajaba en la empresa "Roca Radiadores", de Gavà. Hacía el turno de mañana y al llegar a su domicilio, después de comer, se había tendido en la cama para descansar  la siesta. Cuando había conciliado el sueño, Victoria, su esposa, le atestó las primeras cuchilladas en el cuello. Hilario se incorporó y a pesar de las graves heridas iniciales,  trató de defenderse, resultando su esposa con lesiones  producidas por el mismo cuchillo en el forcejeo  de lo que debió ser una dramática lucha, recorriendo diversas estancias de la vivienda, hasta que Hilario, cada vez con menos fuerzas, debilitado por la abundante  pérdida de sangre, cayó en el pasillo, degollado y sin vida.

Este matrimonio, que llevaban siete años de casados, residían en Sant Boi de Llobregat desde el mes de septiembre de 1965, y tenían dos hijos, uno de seis años de edad y otro de cuatro.

El luctuoso suceso causó honda consternación en Sant Boi de Llobregat. En lo que a mi se refiere, era la vez primera que pisaba el escenario de un crimen con el cuerpo de la víctima todavía presente, en espera de que llegara el médico para certificar el fallecimiento  y el juez para ordenar el levantamiento del cadáver.  Era mi "bautismo de sangre" en periodismo. Por aquel entonces cubría las corresponsalías de los periódicos barceloneses "Tele/eXpres" y "Diario de Barcelona", y me apresuré a pasar la información del suceso, por vía telefónica, a los referidos rotativos y al día siguiente se agotaron rápidamente los ejemplares de los puntos de venta en Sant Boi de Llobregat. Lo mismo ocurrió a la semana siguiente, cuando apareció la noticia publicada en los semanarios "El Caso", que dirigía Enrique Rubio, y "Por qué". El morbo estaba servido, y la gente, ávida en la lectura de  este tipo de sucesos.

Cuando Victoria estuvo restablecida de sus heridas, acudió fuertemente custodiada por la Guardia Civil y en presencia judicial se procedió a la reconstrucción  de los hechos en la vivienda donde se consumó el crimen. El gentío que esperaba en la calle la increpó con gritos de ¡asesina!, ¡asesina!.

Celebrado el juicio, quedó probado y acreditado que Victoria había presentado, en diversas ocasiones, denuncia contra su esposo por recibir palizas y agresiones físicas, presentando en rostro magulladuras y heridas en el cuerpo  que habían requerido asistencia hospitalaria. Harta de tantas agresiones y sufrimientos, sin que la Justicia la amparara y protegiera, decidó acabar con la vida de su maltratador. En vista de todo ello, la sentencia le fue favorable, resultando absuelta de los cargos que pesaban sobre ella.

En mis archivos guardo seis fotografías de este horrendo homicidio, obtenidas por el fotógrafo "Quimet" a requerimiento de la Guardia Civil, para ser aportadas como pruebas documentales  en el juicio. Pedí unas copias para mi, que el cabo-comandante del Puesto de la Guardia Civil, Antonio Suárez Alcáraz, me entregó con la promesa, por mi parte, de que jamás las publicaría, por resultar extremadamente impactantes y por respeto a la intimidad de la esposa e hijos del fallecido,  por lo  que fiel a aquella promesa, jamás las publicaré.




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